Las mascotas flotantes del manga
Uno de los grandes atractivos del manga, aparte del diseño de los personajes que casi invariablemente incluye ojos enormes y pelo de colores, son los personajes “monos” que se encuentran en muchas obras, generalmente de corte shôjo, pero con algunos remarcables casos también en el shônen. Y más concretamente podemos hablar de “mascotas voladoras” o “bichos flotantes”, o combinar adjetivos y nombres como queramos, allá cada uno como quiera llamarlos. Vamos a repasar algunos de los más conocidos.
Puar, cuyo nombre viene del té chino pu-erh, es el compañero inseparable de Yamcha. No sabemos dónde se conocieron, pero es el único personaje que admira al desafortunado primer novio de Bulma. Tiene la habilidad de transformarse en lo que quiera durante cinco minutos, como su rival Oolong, y su aspecto es una mezcla entre gato y conejo que podría dar para muchos debates. Es uno de los personajes que forman el reparto inicial de Dragon Ball, pero con el tiempo pasó a ser menos que secundario.
Tama, la tortuga voladora de Love Hina, es el diminutivo de Onsen Tamago (huevo de balneario), y es un regalo de Mutsumi a Keitarô. Tiene la particularidad de poder volar y llega a hacer buenas migas especialmente con la cándida Shinobu, además de que parece que Keitarô desarrolla la habilidad de hablar con ella (de entender el “tortugués”, concretamente).
Kero (Keroberos), el leoncito de Card Captor Sakura, es el guardián del libro de las Cartas de Clow y el “tutor” de Sakura en el lío en el que la chica se mete sin querer. Con una voz y una actitud un poco cargantes, pues es un cascarrabias de cuidado y un mandón, no deja de ser un personaje entrañable con debilidades de lo más adorables, como su glotonería y su amor por todo lo dulce. Tiene una versión mucho más seria, en forma de león alado de tamaño “real”, que muestra avanzada la serie.
Ten, el primo de Lamu en Urusei Yatsura, es un bebé volador (en este caso, pues, no es un animal ni un bicho, aunque sí es extraterrestre) con un cuerno en la cabeza y pañales de tigre. Puede echar fuego por la boca y se lleva muy mal con Ataru, el amor de su prima. El protagonista de esta obra primeriza pero genial de Rumiko Takahashi no es un modelo de conducta ni cae especialmente simpático, pero Ten menos todavía, aunque en la imagen parezca adorable.
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