Géneros: el chanbara, o manga de samuráis

Hacía bastante tiempo que no publicábamos un artículo sobre géneros del manga, y al escribir ayer sobre el brutal cambio del gran Kazuo Koike se nos ocurrió uno del que no habíamos hablado aún: el chanbara, o manga de samuráis, del que por suerte tenemos en nuestro país un buen montón de ejemplos editados en castellano.

El término chanbara, también visto a menudo como chambara, se aplicó en un principio a las películas realistas de samuráis que se empezaron a hacer después de la II Guerra Mundial, y se considera un subgénero dentro de las jidaigeki, que son las películas ambientadas en períodos históricos ya pasados. El chanbara se concentra generalmente en la era Tokugawa (o Edo), que cubre de 1800 a 1868, y sobre todo en los samuráis y los combates con espadas, con un tono crudo y realista y basado en hechos históricos o relacionado con ellos.

A pesar de que las películas del género acabaron prácticamente desapareciendo, como las del Oeste en Occidente, por exceso de producción y por el envejecimiento de los actores míticos, en el manga es un género que potencialmente podría durar para siempre, pero tuvo su auge durante los años setenta del siglo XX.

Entre los ejemplos más destacados están, cómo no, El lobo solitario y su cachorro, Asa el ejecutor y Hanzô, el camino del asesino, de Kazuo Koike y Gôseki Kojima, tres obras que hemos visto publicadas en castellano aunque la última quedó inconclusa, y es que venderse, lo que se dice venderse, se venden muy mal, especialmente en nuestro mercado, que solo parece apreciar lo más nuevo y comercial. Precisamente esas dos características se pueden atribuir a Vagabond, de Takehiko Inoue, que es una obra actual (aunque ya lleva mucho tiempo publicándose) y que narra de forma muy libre la vida de Musashi Miyamoto, el legendario samurái.

La espada de inmortal, de Hiroaki Samura, es otro ejemplo de que pueden venderse bien, pero claro, de nuevo estamos hablando de una obra relativamente reciente. No lo son, sin embargo, las historias de Hiroshi Hirata que publica Glénat, pero tampoco es que sean superventas, confirmando lo que estamos diciendo.

Como podemos ver con estos dos ejemplos, y en otros que hay en el anime, no siempre tienen por qué ser obras realistas, ya que pueden contener elementos fantásticos, pero en general sí lo son. Por otra parte, no todo el manga de samuráis puede (o debe) considerarse chanbara, porque por ejemplo Rurôni Kenshin, que seguro que nos viene a la cabeza al pensar en manga y anime de espadachines, se sitúa justo después, en la era Meiji (1868-1912), dejando a un lado el hecho de que al ir avanzando la obra los combates se van exagerando más y más.

Samurai Deeper Kyô, editado también en nuestro país, estaría en el límite, puesto que temporalmente se puede considerar chanbara, pero sus elementos sobrenaturales y las licencias históricas que se toma lo alejan un poco del concepto que hoy intentamos definir. Lo mismo ocurre con Samurai Champloo, por ejemplo, que sí, se ambienta en la era Edo, pero en una versión alternativa que mezcla hechos históricos con referencias a nuestros tiempos.

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