El éxito del manga en Francia

Por muy otakus que nos consideremos, si miramos hacia algunos de nuestros países vecinos veremos que nos dan unas cuantas patadas en este sentido. Sólo hay que ver la cantidad y calidad del manga (y el precio al que lo tienen) editado en italiano para que se nos caiga la cara de la vergüenza, pero el país donde ha triunfado más claramente sin lugar a dudas es Francia, cuya Japan Expo, en marcha desde 1999, ya supera a nuestro Salón del Manga.

Porque en estos dos países el manga vende, incluso Mitsuru Adachi, ignorado por las editoriales españolas y grandísimo autor. Y vende porque hace unas décadas sus canales de televisión, especialmente en Francia, apostaron fuerte por el anime. Como había pocos canales, estos tenían lógicamente más audiencia, y los dibujos animados japoneses los veía muchísima gente, que luego creció y se compró el manga que se empezó a publicar en la década de los noventa. Podríais pensar que es un caso parecido al español, ya que en los 70 se emitieron Mazinger Z, Heidi o Candy Candy y también había pocos canales (dos concretamente), pero hay un factor decisivo: la imagen del cómic en Francia.

Nosotros también vimos anime, y especialmente en los noventa gracias a Telecinco y las autonómicas, pero la imagen del cómic, tanto el nacional como el extranjero, siempre ha tenido aquí una connotació negativa, marginal, infantil. No es así en Francia, donde hay decenas y decenas de colecciones del cómic llamado franco-belga que se venden bien, porque es un medio de comunicación y entretenimiento más, con una imagen respetable. Por eso, cuando los franceses crecían y veían que se editaba el cómic de aquella serie de dibujos que habían visto unos años atrás, lo compraban igual que compraban Astérix o Lucky Luke.

Por eso el mercado francés es mucho más fuerte que el nuestro, y tampoco hay que obviar que algunos videojuegos basados en manga y anime llegaban a Europa únicamente a través de Francia, de ahí que por ejemplo el Dragon Ball de NES que nos llegó estuviera traducido al francés, y no al inglés.

Como curiosidad, el primer manga que se publicó en Francia fue Akira, en 1990, y el anime por aquel entonces no se llamaba “anime”, sino “Japanimation”. Los franceses también vivieron la polémica de las asociaciones de padres y conservadores en general que veían en el manga demasiada violencia y demasiado sexo, pero por fortuna aquella etapa pasó y desde los años 2000 vuelve a tener buena imagen. Un punto de inflexión en ese sentido lo tenemos en que la película Innocence: Ghost in the Shell 2 llegara a ser finalista del Festival Internacional de Cine de Cannes de 2004. En otra ocasión hablaremos de la nouvelle manga, un interesante movimiento relacionado con el interés de Francia por el manga.

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