Dragon Ball y el poder de la amistad

A pesar de que a nuestros padres les encantaba resaltar la violencia de los combates de Dragon Ball, lo cierto es que se trata de una obra donde sobresalen los valores positivos: luchar por proteger la paz, incluso el planeta Tierra, y sacrificarse si es necesario por defender a nuestros seres queridos. Es tan importante el valor de la amistad en la obra maestra de Akira Toriyama que muchos de sus personajes han dado el paso de enemigos a aliados, e incluso amigos, de un grupo de “buenos” en constante crecimiento a lo largo de la historia.

El primero de ellos lo pudimos ver en el bonachón de Yamcha, que se cruzó en el camino de Goku y Bulma para robarles las bolas de dragón y que se enfrentó a Goku, en un combate que no tuvo un claro vencedor pero que se puede considerar como la primera derrota del protagonista. Al enamorarse de Bulma empezó a ayudar al primer equipo de buscadores de las bolas y sin darse cuenta se convirtió en un miembro más. Aunque un poco antes vimos a Oolong, el tercer miembro del grupo, que empezó siendo un enemigo de Goku y Bulma, pero casi no lo podemos contar como tal porque como rival era patético y se unió a ellos enseguida.

No es que se pueda considerar un enemigo, pero Krilín llegó a Dragon Ball para convertirse en discípulo de Mutenroshi, y al principio veía en Goku a un rival, pero rápidamente devendría el mejor amigo de nuestro héroe, una amistad que duraría siempre.

En el 22º Gran Torneo de las Artes Marciales, el segundo que vimos en la serie, se produciría otra alianza después de una cruda rivalidad: Ten Shin Han y Chaos, después de luchar contra los discípulos del Duende Tortuga con crueldad, movidos por el odio que sentía su maestro el Duende Grulla por su rival de toda la vida, renegaron de su mentor y se pasaron al bando de los buenos, un añadido que sería muy valioso para las batallas que estaban por llegar, especialmente en el caso de Ten Shin Han.

El siguiente cambio de bando fue aún más importante: Piccolo, el hijo-reencarnación del temible Piccolo Daimao, empezó siendo un rival mortal de Goku y sus amigos pero tuvo que aliarse con ellos para hacer frente a los saiyanos, y al encariñarse con Son Gohan, el hijo de Goku, entrenándolo después de la muerte del protagonista, dio el paso definitivo y se quedó en el grupo.

Cuando parecía que ningún nuevo enemigo podría repetir ese cambio de chaqueta, puesto que el tono de los combates iba en constante aumento, volvió a ocurrir: Vegeta pasó de enemigo mortal de nuestros amigos a aliarse con ellos para combatir a Freezer y luego casarse con Bulma y tener dos hijos con ella. Nunca aceptaría abiertamente que le gustaba su nueva situación, pero desde entonces fue un inestimable aliado y, por supuesto, dejaría en paz a los que oficialmente eran todavía sus enemigos.

Más raro sería el caso de la androide A-18, que nunca fue la alegría de la huerta pero que conmovida por el amor de Krilín, que consiguió para ella el perdón de sus compañeros y que las partes robóticas de su cuerpo fueran eliminadas, se casó con él y le dio una hija. Su hermano gemelo, A-17, simplemente se retiró a la vida en las montañas pero nunca volvió a atacar a los buenos, dejando a un lado la etapa de Dragon Ball GT, donde fue manipulado, y que de todas formas no era historia oficial escrita por Akira Toriyama.

El último caso conocido fue el del monstruo Bu, en su versión rechoncha, porque una vez liberado el mal de su interior se quedó solamente con su parte buenaza y amable. Con él terminaba una larga lista de enemigos pasados a amigos o aliados, algo que hemos visto en otros manga antes (Kinnikuman) y después (Naruto) y que forma parte de la esencia del shônen.

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