Dragon Ball: dar la vida por el planeta

Cuando Dragon Ball empezó, el tono de los combates era casi humorístico. Lo máximo que podía pasar es que pillaran a Goku por sorpresa hasta que se concentraba y resolvía los combates en dos segundos. Pero el tono fue aumentando y los enemigos cada vez eran más fuertes, hasta que empezaron los intentos serios de destruir la vida en la Tierra y las muertes en las filas de los buenos. Pero algunas de estas muertes fueron provocadas por los mismos personajes, que sacrificaban sus vidas por nuestro amado planeta azul y sus habitantes.

El primero que lo hizo fue un personaje que hasta el momento casi no se había puesto serio, el Duende Tortuga (o Mutenroshi), pero que al enfrentarse a Piccolo Daimaô en su primer combate serio decidió realizar la técnica del mafuba, que implicaba la muerte de su ejecutor, y efectivamente falleció, fracasando además en su objetivo. En realidad el primero que hizo eso fue su maestro, Mutaito, pero se nos contó en forma de flashback.

Goku lo hizo… dos veces, que son las dos veces que murió. La primera fue enfrentándose a Raditz, su hermano, pues lo inmovilizó para que Piccolo Jr. pudiera atravesarlo con su makankô sappô, que se llevó también a nuestro protagonista en uno de los momentos más chocantes de la serie. La segunda fue cuando Cell, vencido, iba a explotar y llevarse por delante a quién sabe cuántos personajes, así que con la técnica del shunkanido cogió al enemigo y ni corto ni perezoso se lo llevó al miniplaneta de Kaito, donde murieron tanto Goku como Kaito y sus mascotas. Eso sí, Cell resucitó solo.

Antes de esta segunda vez vimos como lo hacían Ten Shin Han y Chaoz en la batalla contra Vegeta y Nappa. Primero fue el pequeño Chaoz, que se montó a la espalda del gigante Nappa y se autodestruyó con la esperanza de cargarse al saiyano, al que por desgracia no le hizo nada. Ten Shin Han entonces usó la técnica del kikôhô estando seriamente herido, cosa que acabó con sus reservas de energía y murió poco después de su mejor amigo, también inútilmente.

Y el último kamikaze del bando de los buenos fue Vegeta, irónicamente cuando se suponía que había vendido su alma a Babidí para obtener más fuerza. Lo hizo para eliminar a Bu y salvar a su familia y, por extensión, al planeta. Tampoco resultó. Moraleja: es una “técnica” que no merece la pena.

 

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