Conceptos manga: tsundere

La semana pasada vimos el concepto de yandere, que es la palabra que identifica a los personajes, generalmente femeninos, de apariencia dulce pero que tarde o temprano pierden los papeles y provocan el caos con consecuencias de distinta gravedad, a veces de forma trágica y otras más humorística. Hoy veremos el concepto tsundere, que viene a ser más o menos lo contrario.

La palabra es una contracción de las que tanto gustan a los japoneses, y surge de unir tsuntsun (distanciado, agresivo, callado) y deredere (ya lo dijimos la semana pasada, “estar enamorado/a”). Son personajes que tienen un buen corazón o que están enamorados de alguien pero se resisten a mostrar esa parte amable de su carácter y a menudo demuestran con sus actos lo contrario de lo que sienten. Por lo tanto, y que nadie se me enfade, no sorprende que muchas veces se trate de personajes femeninos.

Tenemos varios ejemplos de este tipo de personaje, como Sakura Haruno (Naruto), Eri Sawachika (School Rumble), Akane Tendô (Ranma 1/2), Rukia Kuchiki (Bleach), las míticas Madoka Ayukawa (Kimagure Orange Road) y Lamu (Urusei Yatsura), Asuka Langley (Evangelion) Haruhi Suzumiya (de las obras del mismo nombre), Nagi Sanzenin (Hayate, mayordomo de combate) o Nami (One Piece), además de varias en Love Hina como son Naru y Motoko.

Pero también, aunque en menor cantidad, los hay masculinos, entre los cuales Inu-yasha, Hayato Gokudera (Tutor Hitman Reborn), Kaoru Kaidô (The Prince of Tennis) o Ciel Phantomhive (Kuroshitsuji).

No se trata de personajes temibles que luego se ablanden. Decir eso sería demasiado extremista. Son más bien personajes que se resisten a mostrar su bondad (no necesariamente su amor por otro personaje, sino su bondad en general), algunos más que otros, pero que en el fondo sabemos que es una coraza que se han puesto por algún motivo y que en algún momento caerá. Por supuesto, con esta definición podemos imaginar no sólo muchos más ejemplos que los proporcionados aquí, sino también personajes que no son de manga ni anime. Lo que ocurre es que los japoneses, tan meticulosos ellos, le han puesto nombre al fenómeno.

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