Chaoz, un personaje inquietante

Alguna vez ya he dicho que Akira Toriyama desaprovechaba muchos personajes en Dragon Ball. Personajes que en su primera aparición daban la sensación de tener mecha para rato, pero que al cabo de un tiempo eran relegados a papeles ridículos o que, incluso, desaparecían prácticamente del todo y pasaban a hacer bulto. Es el caso de Chaoz, del que hablaremos porque, además, era un personaje bastante inquietante.

Inquietante porque… ¿qué es, Chaoz? ¿Es humano? ¿Por qué tiene ese aspecto de muñeco, con la cara pintada de blanco y dos círculos rojos en las mejillas? ¿Y esa mirada de loco? Lo peor de todo… debajo de la boina de la escuela de la Grulla tenía un solo pelo, y además poco cuidado. Se supone que pertenece al grupo de los humanos, pero la verdad es que tiene un aspecto bastante siniestro. No es extraño, pues fue diseñado basándose en los jiang shi, los llamados “vampiros chinos”. ¿Y su nombre? Viene de “jiaozi“, comida china que en Japón se conoce (y si sois amantes de la gastronomía nipona os sonará) como gyôza.

No hablemos ya de sus poderes: telepatía, telequinesis… Nada más aparecer, en el 22º Gran Torneo de las Artes Marciales, vimos que podía manipular con la mente los resultados del sorteo inicial para los emparejamientos en los cuartos de final de la competición, y le tocaba luchar contra Krilín, de tamaño parecido pero, como se demostró durante su combate, más fuerte y habilidoso. El único momento en el que Chaoz puso en peligro al mejor amigo de Goku fue con su versión del dodon-pa, rayo de energía lanzado por el dedo que ya habíamos visto en Tao Pai Pai.

Murió en la saga de Piccolo Daimaô, y volvería a hacerlo en su ataque kamikaze a Nappa durante el combate entre los Guerreros Z y los saiyanos, en el que no aportó prácticamente nada, más allá de uno de los momentos inolvidables de la serie. Como Yamcha, pronto se convirtió en un estorbo y llegó un momento en el que Ten Shin Han, con quien tenía una relación más servicial que de condiscípulo o amigo, dejó de “llevárselo” a los combates contra unos enemigos con los que, de hecho, él mismo tampoco podía hacer gran cosa.

A partir de la segunda mitad de Dragon Ball Z sólo aparece en contadas ocasiones, prácticamente decorando el fondo, y su única participación en esa etapa final fue ceder parte de su energía a Goku cuando este estaba preparando la genkidama con la que vencería a Bu. En el anime aparecía un poco más que en el manga, y hasta tuvo bastante protagonismo en la tercera película de Dragon Ball, Aventura Mística, situada en un universo alternativo donde era el emperador del país donde se celebraba uno de los torneos de artes marciales.

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